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RESURRECCIÓN

29 marzo, 2010

    Si hay una palabra que ha causado controversias a todo lo largo de la historia de la humanidad es la palabra Resurrección: acto de volver a la vida física después de haber pasado por el trance de la muerte. El concepto en sí está asociado con la idea de la muerte, y al resucitar se le devuelve a la vida. Claro que ninguno quiere saber nada con esto, que a su vez está ligado a este tiempo post-carnaval, en lo que se llama Pascuas de Resurrección o  Semana Santa. Tan grande es la alergia que se le tiene a esta semana, que en mi país se la ha rebautizado, “Semana de la doma”, “…de la cerveza”, “…de turismo”. Llámenla como quieran, estamos en Semana Santa. No es extraño que la mayoría le tenga fobia a las cosas “santas”, a la Resurrección y otras palabras asociadas con la trasnochada idea de la “pasión y muerte” de quien protagonizara el hecho en Getsemaní, Jerusalem, modificando el concepto de Pesaj para el mundo occidental, sin perjuicio de que la celebración de Pesaj aún siga vigente.

   Pero lo que ocurre durante la Semana Santa no es meramente una conmemoración de una supuesta muerte, es mucho más que el recordatorio de la liberación del pueblo hebreo, y por supuesto está muy lejos de ser un tiempo de velorio. Se trata de la semana de mayor actividad de restauración de todo el año. Es un momento en el cual hay una intensa acción regenerativa de todo aquello que habiendo sido nuestro por derecho de conciencia, de pronto parece que no está más, o no se ve porque está “muerto”, o casi muerto, o medio muerto, olvidado, occiso, finado, obsoleto, no está, se fue… (?) Hace dos mil años fue Jesús quien demostró este hecho en sí mismo, es decir en su propia persona, enfrentando a lo que El mismo llamó “el último enemigo a vencer”, ya que el primero es el miedo, aceptando la muerte física delante de una montonera, para luego resucitar, también en las narices de todos, y desde luego ascender públicamente. Todo ojo que andaba por ahí lo vio. Su cadáver no lo vio nadie, aunque algunos todavía siguen buscando esqueletos. Quien hasta hace más de medio siglo fuera el Chohan del Sexto Rayo de Paz, Opulencia y Suministro y hoy es Instructor Mundial, Jesús no tenía miedo a la muerte física y lo demostró didácticamente, con la nobleza y serenidad propia de un caballero, para que no se nos olvidaran sus anteriores enseñanzas: “Estas cosas que yo hago y otras mayores aún, ustedes van a hacer.” Qué responsabilidad enorme! Todavía no aprendo a caminar sobre la superficie de la bañera llena, y el Maestro cree que yo… voy a probar que… Esperá. No tan rápido. Volvamos a la palabra RESURRECCIÓN. O mejor aún, rebobinemos la cinta. El primero que instauró la Resurrección en la Tierra no fue Jesús, fue Krishna. Por otra parte, si mal no recuerdo, la Voluntad de Dios es Amor, Salud, Vida, Paz y Sabiduría para TODOS SUS HIJOS. ¿Por qué entonces mencionar la Resurrección?

   Porque lo hacemos todo el tiempo.

   A cada estupenda oportunidad que tenemos de aprender de una experiencia en el presente, allá vamos nosotros a buscar en los registros arcaicos, a ver cuándo fue la última vez que nos sucedió algo similar y qué era lo que habíamos decidido hacer, pues seguramente nos fue muy bien con eso. No vaya a ser cosa de que seamos originales y acuñemos una decisión nueva y diferente esta vez. Así también persiste la sobrevalorada tradición de los ancestros, y para honrarlos… ¿qué puede ser mejor que padecer de las mismas dolencias físicas que ellos tanto sufrieron? No faltaba más, por favor… Como mínimo homenaje a los parientes (vivos o muertos) debiéramos lucir con orgullo nuestra peor herencia genética, y hacer alarde de algunas “joyitas” tales como “bipolaridad”, moderna forma de llamar a la vieja y peluda oscilación del humor, “stress”, versión 2.0 del viejo y querido “surmenage” de la tía, hipertensión, o “presión alta” para ser más parecidos a papá, “cálculos” para no desairar al bisabuelo, artritis, asma, escoliosis, cáncer, caspa, sabañones, lo que sea!… Y así resucitamos todos los males de familia, y los traemos de vuelta a la vida, en nosotros. De paso, podemos hablar de lo inestable que era la tía, del mal carácter del abuelo, de lo ignorantes que eran…, no como nosotros, claro, que somos mucho mejores. Sin embargo, esa identidad filiatoria parece ser todo lo que cuenta para una auto-referencia digna, y si tenemos la mala suerte de no ligar con ninguna de esas pestes, bueno, hagamos de la enfermedad un tema de conversación!, y resucitémosla, porque “de algo hay que sufrir”. Ni falta hace mencionar otras “resurrecciones” de otros tipos. “La maldición de la familia: los varones no se casan, no hay descendencia Pérez”, “mi abuela era así, mi madre era así, y… bueno, yo soy así, los hombres me pisotean, qué voy a hacer?” Y esta es la favorita: “Toda mi desgracia es por culpa de mi abuela, que programó a mi madre para que fuera igual, y ahora yo pago por todos.”

   Como si fuera poco resucitar cálculos renales, males de vesícula, afecciones circulatorias y demás, también solemos resucitar malas experiencias propias, de otros tiempos anteriores nuestros, claro, porque “todo tiempo pasado fue mejor”, y digámoslo de una vez, la nostalgia por la adrenalina de los 20 años tiene la fuerza de un río. Sabemos que si sostenemos intensamente un recuerdo por más de 20 minutos, este no tardará en adquirir nueva forma. Tal vez con otra cara, o interpretado por otro actor y en nuevo escenario, no pasará mucho tiempo y ya estaremos viendo la mísma película, experimentando la misma vivencia, muy especialmente cuando se trata de asuntos de nuestros sentmientos, sean cuales fueren, en polo positivo o negativo. Pero nuestras más asombrosas resurrecciones, y las que no nos cuesta nada realizar con gran energía, son negativas. En eso somos expertos.

   Resucitar es volver a la vida algo que estaba en apariencia muerto, es decir olvidado, sepultado, ido aparentemente para siempre. Ya que lo hacemos todo el tiempo, no sería mala idea que por una vez lo hiciéramos como tiene que ser: bien hecho. Los invito cordialmente a todos a morir a la noción de enfermedad, y resucitemos a la salud.

   Aquellos que padecen alguna afección de orden crónico, esto es “para siempre” o “incurable”, piensen en lo que dicen. “Incurable”= que no es “ex – curable”, no puede ser curado desde el exterior. Por lo tanto In – Curable significa que es curable desde lo interno, exclusivamente. Si es que recuerdan cuándo empezó el trastorno, vayan un poquito más atrás, a cuando no lo tenían, recuerden cómo se sentía por ejempo, oír bien, correr, subir una escalera de a dos escalones por vez. En el pensamiento-forma está la posibilidad de recrear la vivencia de esas gratas sensaciones de salud plena, que es nuestro derecho. Puedo englobar en el término SALUD todo tipo de impedimento para vivir en plenitud. Esa SALUD perfecta en todas las áreas de nuestra vida, es un derecho y una responsabilidad a mantener y desarrollar por parte de todos. Así también se puede sanear un ambiente, una condición perturbadora, cualquiera sea y del tamaño que sea. Y este es el momento más oportuno para hacer una restauración general de nuestros vehículos inferiores, para ordenar nuestras mentes, para aquietar nuestros ánimos, para encontrar sabiamente y por propia voluntad un freno a nuestras muchas agitaciones con las que nos bajamos las defensas, y equilibremos nuestras emociones. No es obligación llorar el Viernes Santo, no hay ninguna necesidad de ir al “velorio de Jesús” todo el sábado hasta el domingo a las 3 de la tarde, y no está escrito en la Biblia que después de esa hora haya que romper un huevo de chocolate muertos de risa. Si querés llorar, llorá, si querés comer chocolate, pues adelante! Eso nada tiene que ver con la actividad de sanación a la que hago referencia a continuación.

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De izquierda a derecha: Tierra Santa, Jerusalen. Getsemaní. Belén hoy.

   En estos bellos lugares físicos, a través y por sobre ellos hay un templo más bello aún. Es el Templo de la Resurrección. Este es un Retiro y está presidido por los hoy Maestros Ascendidos Jesus, Instructor Mundial, y la Madre María, hoy Maestra Ascendida de la Llama de la Resurrección, y referente del 5º Rayo Cósmico, el que unos cuantos de ustedes conocen como “el verde”, vinculado con la medicina, la verdad y la alta concentración. Este Retiro de la Llama de la Resurrección está abierto en este momento, hasta el próximo 14 de Abril, para quienes quieran ir a sanar alguna vieja dolencia física o emocional, o de malos hábitos muy arraigados. Cualquiera sea el problema que parezca no tener solución, todo lo que tienen que hacer es pedir a la Presencia Maestra, que es el Yo Soy en cada uno de ustedes, para ser llevados voluntariamente durante el sueño. ¿Por qué durante el sueño? Porque al dormir entregamos nuestra conciencia exterior, por lo tanto no juzgamos, esto es: no nos es posible calificar con los criterios limitados de la conciencia humana (ej: lindo, feo, aburrido, “cómo no me llevé la cámara?”), por lo tanto la radiación de sanidad es vertida en su estado más puro. Este no es un viaje para salir de shopping, ni para traerse souvenirs de viaje. Es más o menos como ir a un sanatorio o clínica, es tan real como los templos físicos, pero mucho más verdadero, y su efecto es mucho mejor que el de un spa o termas. El hecho de que se llame Retiro no lo hace un lugar monacal o monótono, sino que alude a su cualidad de “reserva”. Todo lo que hace falta de tu parte es que quieras ir y ser sanado. Todo lo que tenés que hacer es permitir que tu Presencia Yo Soy (Actividad de Dios en tí) te conduzca. Y para quienes ya han estado ahí, bueno, ya saben que al despertar les parece que han soñado un sueño hermoso y apacible, pero a medida que despiertan se les escapa y luego no pueden recordar absolutamente nada, esto también es garantia de que la experiencia del Retiro sigue tan reservada como antes, de modo que no es posible establecer juicio ni calificación humana alguna. Una buena meditación previa podría ser visualizar una llama de fuego color madreperla y con la forma del lirio. Para quienes no tienen facilidad de visualización, les doy una ayudita.

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De izquierda a derecha: Madreperla. Lirios blancos.

   Y aquellos de ustedes que les cuesta visualizar o no consiguen visualizar creativamente estas formas y colores, pueden pedir esa facultad, aunque vale la palabra de Jesús: “Dichosos los que no viendo creyeron.”

   Este es el momento, pues, de resucitar belleza y salud física, plenitud en todos los sentidos, así como también de restaurar una economía debilitada, o simplemente restaurar las energías necesarias para el trabajo que te toque hacer. Si por esas cosas ocurriera que alguno no se creyera merecedor de tales beneficios, les digo esto: a los Maestros no les importa lo que hiciste la semana pasada, ni lo que comiste, ni si te tomaste hasta el agua de los floreros, porque Ellos no resucitan nada por menos de Perfecto. Y nada del pasado lo es. Todo lo que cuenta es lo que hay en el Presente y qué se puede hacer con ello de bueno y constructivo de aquí en más.

Considérense a cada uno de ustedes como un planeta por el que vale la pena esforzarse en mejorar el buen uso de los recursos energéticos que se le brindan. Tómenlo como una posibilidad única de recambiar esa energía que en otros tiempos malgastaban en llorar a Jesús como a un difunto, y convertirla en toneladas de energía reciclada, nuevita, y que esta vez van a usar bien. Esa es una buena forma de ver la Resurrección: lloren menos y vivan más.

   Les deseo que tengan unas Felices Pascuas de Resurrección, creando recuerdos nuevos dignos de ser celebrados, trátense con cariño, y cada día tengan un excelente HOY, dondequiera que se encuentren. Saludos.

                                     Jacquie Bloggera

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