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CÓMO DESHACER UN TRABAJO DE HECHICERÍA

3 enero, 2017

Yo soy mi propio gurú

Yo soy mi ashram

Soy lo más grande que hay

Yo soy mi Todo

¡Qué suerte haber tenido la oportunidad de conocerme!

También yo, y sólo yo, puedo ser mi propio demonio

Y el peor de todos los demonios

Hola, amigos. Antes de empezar, quisiera dejar un pequeño espacio para decir esto:

Al pedazo de infeliz que lanzó esa ofrendita a su pae de santo en el último día del año 2016, ¡GRACIAS! por haber tomado tiempo, energía y algunas de tus escasas chirolas en ocuparte de mí  🙂 ¡cómo me he reído!

Que el diablo te lo pague. Aunque… no servís ni para hacer brujerías.  A vos, inservible, te dejo esto para que sigas bailando y sudando para tu “entidad”, que se debe estar descostillando de la risa a tu costo, quizá tanto como yo… Porque yo, a la Parca, todavía no la conocí, y adiviná qué: estoy re súper sana…

Hay Jacquie para rato.

Ahora vamos a lo que importa.

En los últimos tiempos he estado profundizando mucho en el Ayurveda, “ciencia de la vida” (literalmente, en sánscrito), que es le medicina tradicional de la India, consistente en una serie de preceptos médicos, psicológicos y éticos. Actualmente me encuentro leyendo el Charaka Samhita, un tratado que data del siglo II.

Hace poco me encontraba yo leyendo un párrafo que, traducido al español, dice más o menos lo siguiente:

“No tengas ni desarrolles sentimientos negativos de ninguna clase (ira, miedo, envidia, celos) contra una persona enferma”.

Esto me pareció una obviedad; me dije:  —Pero mire si yo voy a tener ira u odio contra una persona enferma, ¡¿y miedo?! no faltaba más, ¡claro que no!—. Y puesto que la envidia no es lo mío, y lo celos menos, convencida de que nunca me enojé con alguien enfermo, seguí leyendo.

Estaba ya en el párrafo siguiente, donde Cháraka explica por qué no hay que tener esos sentimientos, cuando me dije:  —Pará, pará… Volvé atrás y releé eso de nuevo—. Pues bien, no, no recordaba haber sentido nada de eso contra persona alguna que estuviese enferma. Claro que…, pensándolo bien, sí me he enojado muchas veces, pero más bien contra personas que estaban muy activas, haciendo mucho daño, etc., etc., etc. Pensando aún más a fondo…,  recordé entonces a esas personas con las que yo me había enojado, y que supuestamente estaban sanas. Luego de un tiempo, supe que tenían problemas de salud.

Esto podría explicar la aparición de molestias o dolores llamados “oportunistas”, siendo que no padezco de nada serio, lo más similar a lo que tuvieron ellos, y lo más antagónico a mí, me sobrevino de la noche a la mañana, sin que tuviera yo explicación alguna.

“Nunca tengas sentimientos de ira, miedo, envidia o celos contra una persona enferma”, dice Cháraka, “porque contraes su misma enfermedad por contagio directo sin contacto físico mediante”.

Y esto es cierto. Quizá no sea su misma enfermedad, ya que su prakriti es otro distinto del tuyo, tal vez tú seas un Kapha dosha, mientras la tal persona “no-enferma” con la que estás enojado sea un Pitta dosha, por lo tanto, es improbable que desarrolles gastritis, por ejemplo, pero tal vez sí alguna inflamación de vías respiratorias con mucho moco, por decir algo, lo más análogo a tu tipo metabólico.

Dicho bien simple, en buen criollo, no te enojes con nadie. Porque tú no sabés qué le pasa a la persona que te está complicando la existencia. Generalmente, uno asume que “los chicos malos” no tienen ningún problema, están al palo, de diez, no les pasa nada, ahí están, súper saludables para hacer malas acciones, y así es que andan sueltos… Pero uno no sabe si esa persona que hoy te está buscando la hilacha no podría ser un alma en lucha. Como bien dice Dion Fortune: “No culpes al que cuando te abraza te lanza una descarga eléctrica sólo porque él mismo se está electrocutando en ese momento”. Podría tratarse de alguien en estado de desesperación y tú no saberlo.

Perdonar no es sólo liberador, es además muy sencillo.

¡¿Cómo?!, dirás tu… Pues bien, perdonar es liberar, es desembarazarse, no sólo de la persona, también de los males que te ha hecho o que te quiere hacer; es lo mejor que podés hacer por ti mismo, porque perdonar es dejar ir, es como decirle a la tal persona: “No soy un santo todavía, pero te libero. Ya no formás parte de mi vida. Te podés ir”. Y al dejar atrás a la persona que te causó mal, o aun, que quiere seguir causándote males, simplemente volvés en ti y seguís adelante con lo que estabas haciendo. Sin esa persona, claro, puesto que ya no está en tu vida, entonces no puede afectarla. Así es que ahí quedás tú. Al mando. Tú, y nadie más que tú, puede realmente afectar tu vida.

Adivino el parpadeo… de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno…

Sí, te adivino el parpadeo – bruja vieja que soy… Estás preguntando cómo diantres funcionan las brujerías, por qué es que a veces tienen éxito, ¿o no? Há… La respuesta se dice en una sola palabra: sugestión. Si tú te sugestionás, si creés que te pueden hacer daño, entonces… he ahí el permiso, te lo van a hacer, ¡y cómo!… Si sos sugestionable, sería mil veces preferible ser sugestionable a una influencia más benéfica para ti.

Claramente, nada más ver el ejemplo arriba mencionado, más exactamente, tomándome a mí misma:

Soy “ex joven”, “ex bella”, actualmente rica de manera indiscutible, tengo salud, soy súper sana… ¡LO TENGO TODO! Y sí, se me podrá notar en la cara que ando en alguna parte de mi quinta década (ni loca te lo digo, aunque se puede averiguar, eh…), pero tengo un cuerpo que una pendeja de 20 años mataría por tener…, además de una pequeña adorable familia y un par de amigos que son lo más. ¿Qué más se puede querer? Está claro que esto   —y a veces menos también— es todo un imán para los mediocres y apáticos seres semihumanos que están esperando que les lluevan las cosas sin ellos poner de su parte, esos que creen que el mundo “les debe” y que les echan las culpas de todos sus males a los demás, o sea, afuera, a lo externo. Mientras tanto…, yo, por dinero, ni siquiera me levanto de la cama. Mis motivaciones son otras. No sólo eso, además, pucha… ¡yo no soy este cuerpo!, soy mucho más que esto. Tú me dirás: “Ah, pero el subconsciente…” y yo te digo: El subconsciente, las pelotas, ¿o creés que no lo he allanado ya bastante? Me observo permanentemente, me cuido de no ser yo la primera en traicionarme. No le permito a nadie entrar en mi mente como Perico por su casa, ni hablar que con mis diablos propios, los de entrecasa, tenemos un trato fenomenal. Ahora trabajan para mí  🙂

Entre otras cosas, he sabido cuál es mi prakriti predominante, según “don Ayurveda”, y de acuerdo a ello me manejo, con sus puntos fuertes y sus puntos no tan fuertes. Alguna vez alguien me hizo creer que, porque era flaquita, yo era débil. Nada más lejos de la verdad. Otro infeliz que ya no forma parte de mi vida. Sin rencores, sigo leyendo el Charaka Samhita, que es lo que me pone de buenas conmigo, contigo y con todos.

Ahora, tú estás esperando que yo te dé “la receta mágica”, el ritual, las palabras claves o mágicas para deshacer hechizos maléficos, ¿es así? Pues entonces tendrás que leer todo el post de nuevo. Ya te lo dije: YO hago mi buena o mi mala suerte. El mundo podrá estar repleto de infelices. Estos te podrán querer desviar, o a lo sumo te podrán demorar, pero a la larga, no hay influencia mayor que la tuya sobre tus asuntos. Y contra esto nadie puede. Hasta podés decirles: “Sigan intentando y gracias por participar”. Y acá yo digo: “Vengan de a cuatro nomás”.

Pero mejor no les muestres tu juego, seguí haciendo lo que te hace bien, lo que te reconcilia contigo mismo, lo que te reUNE con tu Ser esencial. Esto no es una competencia, no compitas contra nadie, ni siquiera contra algún antiguo tú —eso es algo más que estúpido—. Aquí es donde perdonar puede tornarse más arduo, porque el perdón más difícil de conseguir es el propio. Pero vale la pena. ¿La macaneaste? Perdonáte. ¿Te caíste? Levantáte. Y seguí, ahí donde te habías quedado. No importa la lentitud o rapidez, no es la carrera de los cien metros llanos, es la Vida, nada más y nada menos.

Hasta pronto, amigos.

Jacquie Bloggera

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