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La industria de la ansiedad

13 febrero, 2017

Hace ya muchos años, desde que estaba yo todavía ejerciendo mi profesión de fisioterapeuta, me di cuenta de que estaba trabajando para la enfermedad y no para la salud, y que en el ambiente en cuestión y entre los profesionales en torno de mí había un especial interés en el mantenimiento de pacientes crónicos, generando así una cadena de sufrimiento interminable que estaba muy lejos de mis ideales de juventud.

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Eventualmente abandoné eso para siempre, dedicando mis esfuerzos a otras tareas que redirigieran mejor las energías. Escribir es tan sólo una de ellas, pero no la única, sino que muchas veces es la mera intervención coloquial de persona a persona (no me manejo bien en grupos) la que me permite meter uno o dos cambios en este paradigma de espanto en el que sufrir es considerado algo “normal”, y donde si uno se ríe, ya alguien te saldrá con “la vida es dura, no es para reírse”. Así estamos…

Recientemente tuve oportunidad de presenciar una imperdible tertulia en La Caja de Pandora acerca del sufrimiento como alimento de estas entidades de cuarta densidad asociadas a grupos de poder, y resultó que todo lo que se charló ahí concordaba perfecto con esas ideas que me habían estado haciendo tanta mella a través de los años. A mí me había implicado un análisis larguísimo, empezando conmigo misma y observando lo que ocurre a mi alrededor, atando cabos muy de a poco. Si lo he de resumir, pienso que los “dioses” se alimentan de algo que tenemos los humanos… y en ese “algo”, somos excelentes productores; lógicamente estamos programados para eso desde nuestra tierna infancia. ¿Y qué podemos tener los humanos de tan bárbaro, fantástico y sensacional para que ellos vengan aquí a morfar a nuestra costa? ¿Qué, emociones? ¿Empatía, comprensión, compasión? Sí, pero se puede poner más corto que eso. Más claro, tanto que hasta un niño de seis años lo entendería. Excepcional hallazgo, el que hice en La Caja de Pandora a través de esa tertulia.

Ricardo Ginés Bielsa, médico con método propio, le puso un nombre mucho más sencillito a todo eso que yo había visto y comprendido. Simple: somos productores de ANSIEDAD. PRODUCTORES… de eso.

Claro, estamos programados para asustarnos por todo, también para exaltarnos por pavadas y emocionarnos, ¡aaah! la banda de mi vida, el ídolo, y la concha de lrpmqtrmp… [Sic] (y disculpen el exabrupto), sexo, testosterona, litros de oxitocina, cortisol a raudales y otras “nimiedades” hormonales que no hacen más que reinfectar viejas heridas en nuestras bellas y luminosas neuronas. Cada vez que te reunís con algunos cientos de personas en torno a un evento deportivo, musical, etc., o aún en un evento masivo del tipo  de manifestaciones callejeras por muy bienintencionadas que fueren, de meditación por la paz del mundo (sí, claro, la paz en el mundo…), hasta las protestas públicas con pancartas, incluso concentraciones en línea, sí, por Internet también, agitando ya sea una bandera, un ideal, una “pasión”, etc., despilfarrás toneladas de adrenocromo gratis, y para dónde va y quién la recoge… ¿Messi? ¿Lady Caga? ¿Las personas sin techo? ¿Los discapacitados? ¿Los niños que padecen a causa del hambre? Hum… No, algunos cobran lindo cash por eso, otros siguen exactamente igual que siempre; claramente, nada ha cambiado. Eso sí, los manifestantes quedan hechos bolsa. Para algún lado fue toda la polenta de tu diversión inofensiva, o tu amorosa intención y tu altruista energía positiva, ¿no es cierto?, porque para algún lado tiene que ir. ¿Y para dónde entonces? Para alguien que YA estaba ahí recolectando. Seres de 4ª densidad, incluso algunos humanos vinculados a logias y grupos de poder que manejan la magia y el magnetismo a la perfección, seres que viven a expensas de nuestro miedo y de nuestra exaltación.

Es muy fácil para ellos “reciclarlo”, porque esa energía es en principio Luz (a veces luz clara, otras de patas para arriba) y la luz es una sustancia compuesta de fotones; los fotones pueden ser ondas o partículas, así que para ellos no es difícil “cocinarlo” y rebajarlo a meras partículas o incluso a ondas de energía negativa. Como son seres bajos, sin conciencia, se alimentan de lo más bajo y carroñero: del miedo.

Miedo es lo que más abunda por esta 3ª densidad en que estamos los humanos. Miedo a los peligros, a las enfermedades, a la vejez, al rechazo, a la soledad, hay todo un menú completísimo de miedos a elección y a gusto del consumidor. Pero… ¿Cuántas personas han muerto de viejas, muy viejas, por causas naturales y luego, en la autopsia, se observó un cáncer nunca detectado con el que la persona vivió felizmente sin saber, porque nunca le afectó? Los diagnósticos médicos también son formas de profecía autocumplida, una verdadera trampa. La medicina oficialista no trata al paciente, trata y MANTIENE los síntomas, quiere clientes de por vida, no una visita esporádica, eso no gusta, no genera dividendos.

Dentro del nuevo paradigma, el que muchos estamos peleando a brazo partido por construir de la nada, se trata de curar a la persona en su integridad y su singularidad. Y se trata de que la persona se conozca mejor a sí misma y se pueda autoevaluar de una manera acabada y sin ambigüedades —sin eufemismos—, pero sobre todo definitiva. El miedo es una infección cerebral, generadora a su vez de otros sufrimientos que luego serán enfermedades, y hay que desinfectar esa herida inicial, sin demoras. No se trata de atontarse, se trata de curar la herida y evitar que se reinfecte, tal como haríamos con una herida física.

El doctor Ricardo Ginés Bielsa compara un trauma con una herida física, como sería un traumatismo como resultado, por ejemplo, de una caída o de un golpe. Primero hay que limpiar bien esa herida, luego desinfectarla y sobre todo evitar que se reinfecte. También ha ideado un ingenioso método para autoevaluarse, marcando 1 como leve, 3 como moderado y 5 como grave a cada factor que te pueda estar afectando en mayor o menor grado. Si es algo que no te afecta en absoluto, no se marca y listo. Identifica además muy claramente los posibles focos de infección mediante una lista que él llama “la tabla de multiplicar”. La denomina de esta forma debido a la fluidez con que nos aprendemos las tablas de multiplicar en la escuela y que luego memorizamos sin siquiera pensarlo. Así debiéramos hacer en nuestra vida cotidiana con aquellas cosas que más guerra nos darán en el curso de nuestras vidas adultas.

Puedes encontrar el excelente material que ofrece Ricardo Ginés Bielsa en

https://contratuansiedad.wordpress.com/

Recomiendo muy sinceramente visitar la web de este profesional conciente, un hombre muy amable, tranquilo, inteligente y sensible, a quien realmente le preocupa la salud de cada paciente en su individualidad. También realiza talleres grupales en los que se puede aprender muchísimo a vivir felices —”felices” en un sentido equilibrado—, conociendo cuáles son exactamente los obstáculos y conociéndose cada uno a si mismo.

Y sin más dilaciones, matemos al sistema de hambre: ¡seamos felices!

Les deseo que tengan todos un excelente “ahora mismo”.

Saludos

Jacquie Bloggera

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